Presbicia

¿Qué es la presbicia?

La presbicia es uno de los retos que siempre ha tenido la oftalmología, puesto que se trata de un proceso fisiológico que afecta a todas las personas a partir de los 40 años, concretamente en España a más de 20 millones.

La presbicia o “vista cansada” es la pérdida de la capacidad de acomodación o enfoque de los objetos que nos permite ver de cerca y que sucede a partir de los 40-45 años, aunque puede no hacerse evidente hasta algo más tarde.

presbicia

El tratamiento de la presbicia consiste en el empleo de gafas que incorporan lentes convergentes o positivas que originan un efecto lupa (Figura 1). A los 45 años, en personas que no emplean gafas de lejos por ningún otro defecto de refracción, se precisa una corrección de cerca en torno a +1 dioptría (Dp) y a partir de ahí la presbicia va aumentando a razón de 0.5 Dp cada 5 años, de forma que una persona de 65 ó más suele tener +3 Dp.

Hay pacientes en los que los efectos de la vista cansada tardan más tiempo en aparecer o incluso nunca se manifiestan. Esto sucede en miopes y ciertos astigmatismos en los cuales, teniendo presbicia de forma análoga al resto de las personas, sus efectos sobre la visión cercana son neutralizados por la propia miopía en mayor o menor grado, dependiendo de su cuantía.

También es frecuente que pacientes con cataratas en estadios iniciales puedan prescindir de sus gafas para leer, siendo ello consecuencia de que ciertos tipos de catarata originan una moderada miopización. Por el contrario, los pacientes con hipermetropía – defecto refractivo contrario a la miopía – padecen mucho antes los efectos de la presbicia.

mecanismo de enfoque del ojo

Con respecto a la edad para comenzar a usar gafas de cerca, entre los 40 y 50 años la mayoría de las personas aún son capaces de leer sin necesidad de utilizarlas; sin embargo, a medida que pasa el tiempo hay que ir alejando cada vez más los objetos para poder enfocarlos y precisamos mayor cantidad de luz.

El hecho de ponerse las gafas elimina estos síntomas y proporciona mayor comodidad de lectura, evitando los síntomas de cansancio, irritación ocular e incluso dolor de cabeza, pero no se produce un aumento de la progresión de la presbicia por no utilizar las gafas o leer con poca luz, o una mayor dependencia de éstas por emplearlas.

Aunque esta creencia se encuentre muy arraigada, se trata de afirmaciones que carecen de base científica y no han sido demostradas. La presbicia seguirá su curso independientemente de todos estos factores.

En conclusión, una persona comenzará a utilizar gafas de cerca entre los 40 y 50 años en función de sus necesidades de lectura, grado de incomodidad al leer sin gafas o presencia de síntomas de astenopía (fatiga ocular).

Otra creencia difundida es pensar que la presbicia aparece de repente. Ya hemos dicho que comienza a los 40-45 años y va evolucionando lenta pero progresivamente, de forma que nos vamos adaptando y acostumbrando a tener que alejar los objetos para enfocarlos, llegando a interiorizar este gesto hasta que, de forma inconsciente, lo consideramos como un hecho normal.

De pronto, en pocas semanas o meses, nos damos cuenta que ya no podemos leer de ninguna manera y entonces experimentamos la vivencia de haber perdido la visión de cerca de una manera súbita, aunque en realidad no haya sido así.

Con respecto al tratamiento quirúrgico de la presbicia mucho se está hablando hoy en día, no siempre con la necesaria rigurosidad científica, y ello provoca que muchas personas crean que la presbicia ya tiene una solución quirúrgica aplicable para todos.

Los tratamientos actualmente existentes y que han mostrado alguna eficacia consisten en el implante de lentes intraoculares bifocales, trifocales y pseudoacomodativas, la monovisión alternante – que consiste en corregir un ojo para lejos y otro para cerca – de forma que el paciente alcance una visión binocular aceptable en todas las distancias sin necesidad de emplear gafas, y finalmente el tallado quirúrgico de una córnea multifocal mediante láser excímer.

Sin embargo, ninguna de estas técnicas consigue restituir la acomodación fisiológica o capacidad del cristalino para modificar su curvatura y enfocar a distintas distancias; lo que hacen es reducir o anular los efectos de la presbicia sobre la visión de cerca, siendo ello un avance muy importante aunque no exento de efectos indeseados como la pérdida de sensibilidad luminosa o la aparición de halos nocturnos.

Si a ello le sumamos un índice riesgo/beneficio aun no optimizado, nos encontramos ante un conjunto de técnicas que no pueden considerarse por ahora de extensión o aplicación generalizada, sino únicamente en determinados casos seleccionados. Por ello es importante que consulte con su oftalmólogo, ya que él le asesorará en lo más conveniente para su caso.